EL MOMENTO DE DEJAR IR
- GabrielaFloresMoncada

- 11 ene
- 2 Min. de lectura
Nunca es fácil dejar ir aquello que ya no nos sirve, pero a menudo dejarlo ir es lo que nos permite convertirnos en nuestro yo más auténtico.
En el calendario chino, 2025 fue el Año de la Serpiente. Para muchos, fue un año marcado por pérdidas, finales y rupturas. Como una serpiente que muda de piel, se nos pidió que soltáramos aquello que ya no nos quedaba, aquello que se había vuelto demasiado apretado, demasiado pesado o demasiado limitante. Y así como desprenderse requiere vulnerabilidad, sanar requiere quietud. Tras una pérdida, a menudo necesitamos tiempo para la tranquilidad… tiempo para la nada… tiempo para reflexionar suavemente sobre nuestro interior, a nuestro propio ritmo.
Al entrar en 2026, muchas voces nos instan a apresurarnos a alcanzar nuevas metas y propósitos. Pero según el calendario chino, el año nuevo no comienza realmente hasta el 17 de febrero, cuando damos la bienvenida al Año del Caballo de Fuego.
El invierno nos invita a movernos al ritmo de la naturaleza. Así como los osos hibernan para conservar su energía, nosotros también podemos permitirnos descansar, reflexionar y recuperarnos. Esta es una temporada para curar nuestras heridas del 2025, honrar lo que hemos perdido y reconectar con lo que realmente importa. Es un momento para reevaluar nuestros valores, nuestros límites y nuestros valores innegociables mientras nos preparamos para nuevas relaciones, ya sean amistades, conexiones profesionales o relaciones románticas.
Como una semilla bajo tierra, no nos quedamos inactivos en esta época de quietud. Estamos cobrando fuerza. Estamos echando raíces. Nos preparamos para crecer.
Con la llegada del nuevo año chino, podemos ser amables con nosotros mismos —sanando, fortaleciéndonos y conectando con la tierra— para que, cuando llegue la primavera, estemos listos para resurgir y florecer. No por fuerza ni urgencia, sino desde una base profunda y firme. A través del yoga y la meditación , el diario, la expresión creativa, la danza o el tiempo en la naturaleza, reconectamos con nuestra alma y recordamos quiénes somos realmente.
Cuando estamos arraigados pero flexibles, fuertes pero abiertos, podemos afrontar lo que traiga el nuevo año con gracia y confianza. Una confianza que no proviene del control, sino de la confianza: confianza en nosotros mismos, confianza en nuestro camino y confianza en la sabiduría de nuestro propio desarrollo.
El autocuidado no es egoísta. Es sagrado. Cuando nos tomamos el tiempo para conocernos, aprendemos a amarnos y aceptarnos más plenamente. Y cuando permitimos que nuestra luz brille, se convierte en una bendición no solo para nosotros, sino para todos los que nos rodean.
Cuando hacemos nuestro trabajo interior, nos elevamos juntos, no desde el ego ni el poder, sino desde el alma. Desde un lugar donde nos honramos mutuamente, donde reconocemos la luz interior y donde avanzamos arraigados, sanados y listos para lo que viene.
Si esta temporada te pide que disminuyas la velocidad, que te escuches y que te cuides más profundamente, mis clases de yoga ofrecen un espacio sagrado para hacer precisamente eso.
Ven como eres. Descansa cuando lo necesites. Muévete con intención. Sana a tu propio ritmo.
Tu tapete te está esperando.




Comentarios